Mi historia

buddha

En el año 2013 empecé este proceso de transformación, a raíz de leer varios libros de neurociencia y psicología, y sobre todo por mi contacto directo con un país budista en el que viví 1 año. Llevaba muchos años buscando respuestas en la ciencia para resolver el asunto de la felicidad, de mi felicidad. No encontré respuestas satisfactorias en aquel entonces para librarse del sufrimiento de forma práctica. Mucha teoría que por mucho que la entiendas y asimiles, no cambia tus emociones. Por suerte, en los 4-5 últimos años, se han hecho los avances más importantes de la historia en la ciencia de la felicidad (o mejor dicho, se ha demostrado lo que ya se sabían algunos desde tiempos remotos). Ahora ya sí están seguros de la herramienta práctica que transforma literalmente el cerebro: la meditación de la atención plena o Mindfulness.

Esto no es otra cosa que la práctica o entrenamiento mental que llevan haciendo los budistas y otras culturas desde antes de Cristo. Nuestro cerebro se modifica físicamente al entrenarlo de este modo, así como las emociones que se sustentan en él. Nuestra mente no cambia por el simple hecho de desearlo y entender lo que nos pasa o nos pasó en la infancia. Las pautas emocionales sólo cambian al adquirir nuevas pautas. Y éstas se adquieren meditando y con la compasión que inevitablemente va asociada a la meditación. No importan cuáles sean las emociones que provocan tu sufrimiento, la meditación de la atención plena generará espacio para el bienestar y la paz interior.

Mi situación ahora es la de una persona muy consciente de los motivos de sus limitaciones y sufrimientos, y de lo que he de hacer para eliminar el sufrimiento en mi vida. También he experimentado una gran mejora al poner en práctica la meditación y la mirada honesta y compasiva hacia mi interior. He sentido un crecimiento de paz interior y de entusiasmo por la vida que aunque leve y todavía no muy duradero, ha sido lo suficientemente auténtico y profundo como para estar seguro de seguir este sendero el resto de mi vida. Cuando llevas toda la vida, desde que tienes memoria, sintiendo desconexión total con tu entorno familiar y el resto del mundo, rechazo, incomprensión, y la culpabilidad y la verguenza por ti mismo que eso genera cuando eres solo un niño que sólo busca ser aceptado y sentirse entendido, entonces cualquier atisbo de liberación de esa carga se siente como algo casi inconcebible, un truco de magia. Me queda mucho camino por recorrer, pero voy con la seguridad de saber cuál es la ruta que tengo que seguir y sabiendo que voy a encontrar cosas que me harán cada día más feliz.

Puedo decir que ya estoy disfrutando del beneficio de estas prácticas aunque no domine ni de lejos ninguna de ellas. Quizá eso puede ser lo más valioso de este blog, ya que cualquiera puede verse identificado con mi proceso, por cometer los mismos errores que yo y encontrarse con los mismos problemas. Es un aprendizaje entre compañeros de viaje.

Nota: la compasión es la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, y el deseo de aliviar, reducir o eliminar por completo tal sufrimiento. Es más intensa y va más allá que la empatía. La compasión por uno mismo consiste en dirigir ese sentimiento hacia tu propia persona, en la comprensión de que merecemos el mismo respeto que los demás por parte nuestra. Hago esta aclaración porque muchas veces se define a la autocompasión como auto-indulgencia, y ésta generalmente es entendida como una actitud aflictiva y negativa asociada al victimismo y a la falta de responsabilidad. Aquí siempre usaré el término compasión o autocompasión en su acepción positiva y constructiva como es el caso del budismo y la neurociencia. Según ambos, el desarrollo de esta habilidad es un factor básico para poder sentirse plenamente feliz.            

–  Sergio –


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