El refugio de la escritura

niño cuaderno

Ilustración de Chris Sheban

Octubre de 2014. Recuerdo esta fecha por ser un mes especialmente lluvioso en el norte de España. Pero sobre todo la recuerdo por ser la fecha en la que mi vida y la escritura quedaron unidas para siempre.

En aquella época me perseguía la idea de que necesitaba embarcarme en un viaje más profundo hacia mí mismo, de que debía ser más valiente y enfrentarme cara a cara, y de una vez por todas, a los miedos y al sufrimiento que tanto me limitaban. Hasta entonces, el temor a lo desconocido y a mis propios fantasmas me había frenado e impedido ese paso tan necesario. Pero llegó el día en que por fin fui capaz de vencer todas esas resistencias e inseguridades y lanzarme al vacío. Ocurrió cuando caminaba embelesado bajo una lluvia que parecía infinita: mi deseo persistente de disfrutar de una vida plena se transformó en una sensación tan intensa que resultó incuestionable. Sentí cómo aquel deseo se convirtíó en la más férrea determinación y lo sentí con la seguridad con la que se sienten las certezas absolutas.

La decisión estaba tomada: al día siguiente pondría rumbo a la montaña granadina de Sierra Nevada camino de un desafiante y solitario retiro espiritual, en el centro budista Oseling. Una vez allí, en total aislamiento, viviendo de forma simple y rudimentaria, y sin nada superfluo en lo que enfocar mi mente, no me quedó más remedio que hacer frente a todo mi sufrimiento acumulado y a una desastrosa relación conmigo mismo. Y lo hice con la única compañía de que disponía: mi cuaderno y mi pluma. Para mi fortuna, enseguida se hizo evidente que ésta era la mejor compañía posible…

Lo que allí descubrí fue una escritura sorprendentemente íntima y acogedora. Tanto fue así que se convirtió en un inesperado refugio, animándome a ser valiente y honesto como nunca antes. Bajo su protección pude dar libre voz a mi ‘yo’ interior, entregándome sin reservas a un cuaderno que parecía comprenderme. Cualquier sentimiento doloroso era absorbido y abrazado por ese cuaderno que se escribía ‘solo’, sin esfuerzo. Las palabras brotaban directamente desde el corazón, sin ser juzgadas ni reprendidas. Palabras que curaban por el simple hecho de ser escritas sin importar el contenido de las mismas y que, en su trazo despreocupado sobre el papel, se mezclaban con las lágrimas que en su inevitable caída me iban liberando de un peso mucho mayor que el de su contenido en agua. Lágrimas indescriptiblemente hermosas y necesarias que inundaron mi ser de esperanza, haciéndome sentir confiado y seguro en su presencia, por fin acogido en un verdadero y cálido hogar.

Esta experiencia resultó tan auténtica y liberadora que, pese a estar aislado en la montaña a más de dos mil metros de altitud, la sensación de soledad y de vacío interior se esfumó por completo. El mundo y todas sus hermosas manifestaciones ahora se me mostraban increíblemente cercanas y amables. Dejé de rechazarme y exigirme, y comencé a aceptar sin condiciones mi situación y mi dolor. Ahora sabía, con la misma certeza con la que sentí que debía emprender este viaje, que lo único que me llevaría a la felicidad era mi bondad y mi compasión.

Gracias al refugio que me brindó la escritura logré reencontrarme y reconciliarme conmigo mismo. Pude ofrecerme, por fin, la bienvenida y el abrazo incondicional que tanto había necesitado.  

 

– Sergio –


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Mi dificultad para escribir sobre mí mismo

hand writes with a pen in a notebook

Este blog nació para ser escrito en primera persona. Ésa era mi intención inicial ya que sabía que hablar desde mis profundidades era la mejor medicina posible para mí. Quería narrar mi propia transformación personal, el incómodo pero necesario viaje hacia mí mismo. Sin embargo, me está resultando mucho más difícil de lo que pensaba, y en lugar de hablar de mí, acabo por escribir sólo reflexiones genéricas e impersonales.

La razón principal de mi bloqueo es mi percepción de lo que resultará útil e interesante para las personas que lean mis textos. Siento que mis escritos personales son demasiado complejos, tediosos y aburridamente obsesivos como para que resuenen con las vidas de los demás, y puedan sacarles provecho. Sé que mi obsesión por el perfeccionismo afecta enormemente a esta percepción, volviéndome extremadamente exigente y temeroso de cometer el más mínimo error. Es decir, siento un rechazo extremo a publicar algo que no ayude o que no se entienda (por ejemplo, este mismo texto, que me resisto mucho a publicar). De hecho, llego a sentir que si no es valioso para el 100% de las personas, entonces no es digno de publicación…

En esencia, los problemas de base y los miedos que tenemos todos son los mismos, pero las reacciones que hemos desarrollado cada persona son muy diferentes. Diferentes reacciones para las mismas causas. Por eso a veces nos resulta tan difícil ver la similitud entre nuestro sufrimiento y el de los demás. Esto me lleva a pensar que si escribo mis dificultades diarias en detalle, directamente y sin filtrar, la mayoría de los lectores no encontrarán aquí resonancia alguna con sus vidas. Convencido de que mis circunstancias son demasiado singulares y monótonas como para ser útiles, acabo limitándome a escribir reflexiones donde me concentro en mensajes en los que todos nos podamos ver reflejados.

Pero hay algo más. Hay otra razón que me dificulta mucho este tipo de escritura personal, y que también responde a mi obsesiva búsqueda de perfección y exactitud: sufro enormemente cuando intento escribir relajadamente, sin una estructura científica e impersonal, porque siento que no es suficientemente preciso y que me alejo de la ‘perfecta’ verdad. Por ejemplo, este mismo texto es ahora menos distante y formal gracias a que me he ‘obligado’ a suavizarlo; cuando lo escribí parecía un artículo sobre mis emociones, en lugar de un relato personal acerca de mis dificultades para hablar de mí mismo. Al hacerlo más personal, se agiganta mi sensación de que es un texto tedioso, poco interesante y defectuoso. Sé que esto no es cierto pero mi mente pelea, como si de una lucha a vida o muerte se tratara, para convencerme de lo contrario. Creo que esta vez, al menos, no me ha sometido por completo…

Quiero y necesito hacer un mayor esfuerzo por vencer esas barreras y abandonar mi propia prisión. Voy a intentar escribir pequeños relatos o exploraciones de mis conflictos internos, tratando de que no estén tan centrados en mis obsesiones perfeccionistas. También voy a repasar mis escritos personales para tratar de rescatar vivencias que, doy por hecho, mi mente no considerará ‘adecuadas’ para ser compartidas. Trataré de convencerla, amablemente, de que ser uno mismo siempre es lo adecuado.

 

–  Sergio –

 

¿Escribir un diario? ¿en serio?

diario y pluma

No es la primera vez que escribo en un papel sobre mi mundo interior, pero es la primera vez que lo hago de forma metódica. En el último año me he limitado a escribir cuando me surgía, que podían ser dos días seguidos o cuarenta sin escribir. Y la verdad es que poner en papel lo que nos ocurre a diario, sobre todo lo que sentimos y nuestras reacciones, es una tarea muy compleja por muchas razones. En primer lugar, los prejuicios no ayudan ya que escribir un diario o un cuaderno de reflexiones que van más allá de lo intelectual es algo que parece propio de adolescentes o de gente “rarita” (sobre todo si eres hombre). Seguramente los que más creen en este prejuicio son los que más lo necesitan ya que si te parece ridículo un cuaderno de reflexiones emocionales, es porque menosprecias el efecto de la inteligencia emocional, y por tanto tiendes a reprimir y tapar las emociones con todo tipo de distracciones y obsesiones.

Además, no es un buen trago para nuestro ego tener que aceptar y reconocer nuestros miedos. Y menos dejar evidencia escrita de ello. Nos hacen creer que una persona valiente es aquella que no tiene miedos, sin embargo, la realidad es muy diferente. En la mayoría de culturas ancestrales siempre han sabido que el valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que se atreve a mirar directa y honestamente a todos sus temores. De hecho ésa es la única forma de disolverlos o mitigarlos.

También hay que tener en cuenta que cuando nos encontramos en un estado emocional negativo, generalmente lo último que apetece es escribir sobre ello. Y para rematarlo, la mayoría de nosotros no tenemos habilidad identificando las diferentes emociones que sentimos. Puedes conocer perfectamente el léxico del mundo emocional, pero ser incapaz de distinguir qué es lo que estás sintiendo o que es lo que te ocurre. A mí me sorprendió bastante ver que era incapaz de diferenciar muchas veces lo que me ocurría…   frustrado y mal, son las únicas palabras que me venían, poco más. Ahora he mejorado algo en ese sentido, pero sigo sin apreciar matices sutiles y sin percibir algunas cosas que ocurren.

Así que con todo este hándicap, es normal que la mayoría de la población no se plantee escribir sus propias vivencias internas. En mi opinión, lo que hace falta para escribir con éxito es lo siguiente:

  • Confianza en que esta herramienta emocional es verdaderamente útil para ti (sólo tienes que ojear cualquier libro de neuropsicología o psicología cognitiva para darte cuenta del valor de esta herramienta);
  • Valentía suficiente para querer descubrir los miedos que están limitando tu vida y tu potencial;
  • Determinación basada en el fuerte convencimiento de que quieres una vida mejor, con más paz interior y alegría interna.

Uno de los milagros de escribir un cuaderno de introspección es que es una herramienta que permite romper con espirales o dinámicas de retroalimentación negativas, es decir, la pescadilla que se muerde la cola de toda la vida. Muchas veces son dinámicas de auto-sabotaje para evitar situaciones que nos incomodan, pero que acaban por aislarnos más, y esto a su vez nos lleva a adoptar conductas (vicios, obsesiones, distracciones,..) que nos alejan inevitablemente de sentirnos libres y felices. Con la escritura es más difícil quedar enredados en estas espirales porque te desmontas a ti mismo, porque ves que tomas decisiones que responden únicamente a evitar “cosas” incómodas que responden a miedos casi siempre irracionales de la infancia. Estamos viviendo nuestras vidas reaccionando y eligiendo de acuerdo a sufrimientos del pasado. Eso no es lo que queremos y necesitamos, así que hay que asumir la responsabilidad de tomar el mando para desarrollar una inteligencia emocional que nos permita vivir la vida que verdaderamente deseamos y nos merecemos.

 


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