Soy la propia Vida

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Cuando vivo el momento sin juzgarlo, todo parece transformarse…
Luz, color y movimiento entran intensamente en esta escena de mi vida.

En este instante se agudizan todos mis sentidos,
mi respiración y mi latir se muestran renovados.
Siento una suave brisa, una caricia de aire fresco,
que a su paso disuelve un viejo muro defensivo:
el erigido entre el ‘yo’ y los ‘otros’.

Soy honrado con una visita que no esperaba,
la de una vieja conocida, la Alegría, ya casi olvidada.
Su presencia funde mi mente con mi cuerpo
devolviéndome a la vida, vibrante y genuina.

Éste es un momento que diluye al propio tiempo.
No hay inicio ni hay fin. No hay objetos ni preguntas.
Tampoco existe un ‘yo’ ni existe un ‘tú’. Sin barreras.
Lo único que hay es una unidad que a su vez es Todo.

He abierto la puerta, algo me guía…
No opongo resistencia: no hay nada que entender ahora.
Sólo siento, experimento, fluyo.
He entrado en el campo sagrado de lo inefable.

Ahora disfruto de este espacio completamente protegido,
donde la inseguridad, la culpa o el lamento duermen profundamente.
Ya no es posible la soledad porque ahora, simplemente, ¡Soy!
Soy parte del Todo. ¡Soy la propia Vida!

–  Sergio –


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