Tiempo perdido

Nota: si quieres acompañar la lectura del texto con música, aquí puedes escuchar la canción que me ayudó a escribirlo.


 

Cada instante que paso lamentando el pasado,  

es tiempo que no vivo.

Cada instante que paso angustiado por el futuro,   

es tiempo que no vivo.

 

Tiempo al servicio del sufrir,

tiempo consumido entre sombras,

caminando tembloroso de la mano del miedo,

respirando pesado por las culpas y el reproche.  

 

Tiempo de espinas y rudezas,  

atrapado en luchas que detesto,

es esfuerzo infinito a cambio de nada,  

es desgaste y castigo a mi esperanza.

 

Tiempo donde no me dejo abrazar por tu bondad,

donde no agradezco tu presencia ni tus gestos,  

donde soy insensible a tu rostro y a tu alma,

donde no sonrío ni hacia fuera ni hacia dentro.

 

Tiempo anclado en un ayer que ya no existe,   

persiguiendo un mañana por naturaleza incierto,

es tiempo precioso gastado en vano,    

oro cósmico para siempre perdido.

 

Sólo en la fugacidad de Este momento,      

en este pulso continuo que ante nada se detiene,       

es donde la inspiración alumbra generosa mi camino,   

y mis problemas encuentran sus ansiadas soluciones.   

 

Cada instante que navego por el eterno presente,       

abriéndole mis brazos como velas al viento,      

es tiempo donde sólo el amor es quien me impulsa,

tiempo donde soy libre para gobernar mi rumbo.          

 

Cada instante que confío en la riqueza de la vida,        

que me rindo a sus maravillas y misterios,              

es tiempo que no sufro,

es tiempo que SÍ vivo.    

 

– Sergio M.


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Soy la propia Vida

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Cuando vivo el momento sin juzgarlo, todo parece transformarse…
Luz, color y movimiento entran intensamente en esta escena de mi vida.

En este instante se agudizan todos mis sentidos,
mi respiración y mi latir se muestran renovados.
Siento una suave brisa, una caricia de aire fresco,
que a su paso disuelve un viejo muro defensivo:
el erigido entre el ‘yo’ y los ‘otros’.

Soy honrado con una visita que no esperaba,
la de una vieja conocida, la Alegría, ya casi olvidada.
Su presencia funde mi mente con mi cuerpo
devolviéndome a la vida, vibrante y genuina.

Éste es un momento que diluye al propio tiempo.
No hay inicio ni hay fin. No hay objetos ni preguntas.
Tampoco existe un ‘yo’ ni existe un ‘tú’. Sin barreras.
Lo único que hay es una unidad que a su vez es Todo.

He abierto la puerta, algo me guía…
No opongo resistencia: no hay nada que entender ahora.
Sólo siento, experimento, fluyo.
He entrado en el campo sagrado de lo inefable.

Ahora disfruto de este espacio completamente protegido,
donde la inseguridad, la culpa o el lamento duermen profundamente.
Ya no es posible la soledad porque ahora, simplemente, ¡Soy!
Soy parte del Todo. ¡Soy la propia Vida!

–  Sergio –


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